Ninguno estamos libres de sentir soledad en algún momento de nuestra vida. Siendo conscientes de esto, ¿por qué tenerle miedo? ¿Por qué gastar excesiva energía en evitarla a toda costa? El hecho de que eres la única persona con la que vas a pasar el resto de tu vida es innegable. Aceptándolo, sería más conveniente y práctico invertir nuestros recursos en desarrollar nuestra capacidad para estar solos, a gusto, y aprender a gestionar nuestras propias emociones que en su evitación.

Podríamos definir soledad como “carencia voluntaria o involuntaria de compañía; pesar y melancolía que se siente por la ausencia, muerte o pérdida de alguien o algo” (RAE).

Muchas veces asociamos soledad a un estado o sensación negativa, sin embargo, se puede entender como una oportunidad con múltiples beneficios, entre los que destacamos:

  • Potencia un mayor y mejor autoconocimiento.
  • Ayuda a cicatrizar y sanar heridas.
  • Sirve para recargar y recuperar la energía cuando las circunstancias de la vida llegan a abrumarnos.
  • Nos enseña a valorar nuestra propia compañía, lo que mejora nuestra autoestima y evita que caigamos en relaciones insanas.
  • Nos permite cultivar una forma única y personal de ver la vida, nuestra forma.

 

Hablar de “la soledad” no es sencillo, ya que hay varios tipos de soledad diferentes, así como distintos factores que pueden llevar a una persona a sentirla.

No es lo mismo sentirse solo que estar solo, ni que sea un sentimiento puntual que algo más estable. También es diferente la soledad elegida que cuando nos viene dada,… Al ser un concepto amplio, es importante su clasificación. En la bibliografía actual se pueden encontrar diferentes clasificaciones, ésta es nuestra selección:

  • Soledad existencial
  • Soledad emocional
  • Soledad positiva
  • Soledad transitoria
  • Soledad crónica

Soledad Existencial

Hace referencia a un tema filosófico relacionado con interrogantes como ¿Quiénes somos? ¿Cuál es nuestro propósito en la vida? Se refiere a una sensación de vacío que se mezcla con esta duda existencial, asociada a la ausencia de un propósito específico. Alude a la experiencia íntima e individual de cada uno de nosotros. Todos hemos pasado por este sentimiento en algún momento de nuestra vida y, bien enfocada, puede resultar positiva para desconectar del mundo y crecer  emocionalmente.

Soledad Emocional

La soledad emocional la sentimos como consecuencia de la proyección en los otros de nuestras altas expectativas. Puede aparecer ante la ausencia física de una persona (hijo, padre, pareja,…), pero también aunque tengas a esas personas a tu lado. Un ejemplo muy claro sería una relación de pareja en la que uno de los miembros no encuentra o recibe del otro el apoyo o compromiso que le gustaría. Implica que nuestros vínculos no son significativos o no nos aportan un apoyo de calidad. El origen de la misma puede encontrarse en los comportamientos o actitudes del otro hacia la persona que la siente, así como en la propia persona que la sufre, afectada por una baja autoestima que merma su confianza en sí misma. Se traduce, de alguna forma, en insatisfacción en las relaciones afectivas. Es dolorosa y se vincula a sentimientos de incomprensión, tristeza e inseguridad.

Soledad Positiva

Referida al encuentro o reencuentro con uno mismo, lo que posibilita, desde la soledad elegida, conocerte, descubrir quién eres. Éste sería un maravilloso punto de partida para potenciar fortalezas y talentos, reforzar las debilidades, conectar con las emociones que, finalmente redundaría en un mayor disfrute de las relaciones personales. Posibilita que las relaciones sean más sanas, estrechas y duraderas. Disfrutas de estar a solas y hacer planes contigo mismo. Sería un bien necesario para llevar a cabo un proceso de introspección saludable.

Soledad Transitoria

Hace referencia al sentimiento de soledad temporal (lógico y esperable) provocado por situaciones externas concretas e identificables. Una mudanza, el fin de una relación, el inicio en un nuevo trabajo…

A pesar de su carácter temporal, acotado en el tiempo, puede provocar efectos dañinos en la salud de quien la sufre, por lo que sería conveniente poner en práctica conductas de autocuidado para que no se transforme en algo crónico.

Soledad Crónica

A diferencia de la anterior, ésta no depende de una situación o momento concreto. Se asociaría con un sentimiento de aislamiento independiente de dónde y con quién estés. Se instaura en nosotros. A pesar de que su gestión es más complicada que en los otros tipos de soledad, no es imposible. En ocasiones, puede requerir ayuda profesional para salir del círculo vicioso que se genera cuando se escoge el aislamiento como vía de escape.

¿Por qué me siento sol@? ¿Cómo puedo dejar de sentirlo?

Es fundamental reflexionar sobre el origen y motivos de ese sentimiento, porque de ello dependerá, en buena parte, la forma de abordarlo. No es sencillo ser honesto con uno mismo, pero es primordial tener conciencia del motivo para poder encontrar una dirección. Una vez que identifiques la causa, acepta tus sentimientos y no te empeñes en luchar contra ellos. Sentirte solo es precisamente eso, un sentimiento y ningún sentimiento es perenne.

No existen soluciones mágicas que permitan dejar de sentir soledad de un día para otro, pero sí hay algunas pautas que pueden poner remedio a este sentimiento:

Antes que nada, ¿estás seguro/a de que hay algo que te gustaría cambiar? En los países de cultura occidental, la soledad se valora como algo negativo y, en general, se da más valor a la extraversión y a las personas que están en compañía. Esta perspectiva puede llegar a hacer que personas que, realmente disfrutan de la soledad, se sientan como bichos raros y lleguen a pensar que tienen algún tipo de problema (que, no obstante, no es real) por no disfrutar más de la compañía de otras personas. En estos casos, quizá lo más saludable sería aprender a mirar la soledad con otros ojos, entender que es normal y que lo ideal seguramente es saber manejarla, e intercalar momentos de socialización con otros de estar en propia compañía.

Te proponemos alguna estrategia que te pueden ser de utilidad para aceptar el sentimiento de soledad y no vivirlo como algo negativo:

– Acepta tus sentimientos. La resistencia a un sentimiento, al igual que a un pensamiento, le confiere más fuerza. Si intentas no pensar en un elefante rosa, irremediablemente pensarás en ese elefante rosa. Deja espacio a esos sentimientos para que existan, permítetelos y date el derecho de sentirlos. Al no enfrentarte a ellos, dejarás de percibirlos como amenazas y favorecerás así que se marchen antes.

– Medita. Entrena tu mente con práctica constante para que se centre en el aquí y el ahora, sin deambular por el pasado o lo que está por venir. Al de poco tiempo de practicarla, empezarás a construir una nueva y sana relación con la soledad, sin miedo y desde la calma.

– Apóyate en personas cercanas. Seguro que hay personas a tu alrededor (familiares, amigos) con quién poder hablar de cómo te sientes, que en sí mismo podría ser una actividad terapéutica. Además, compartiéndolo es más fácil que aparezcan soluciones que a uno solo no se le habrían ocurrido. No te cierres a quien se acerque a ti, la idea irracional de que no necesitamos ayuda y que solos podemos con todo, es poco práctica. Déjate ayudar.

– Haz ejercicio. Ya nadie duda de que cuerpo y mente están fuertemente interconectados y lo que le pasa a uno influye en el otro. El sentimiento de soledad, tiene efectos negativos a nivel físico. Si empleas, aunque sea 30 minutos diarios (durante 3 días a la semana) a ejercitar tu cuerpo, puedes revertir esos efectos y recuperarte. El ejercicio genera endorfinas (“hormonas del bienestar”), lo cual te reporta pensamientos y sentimientos positivos, además de aumentar tu ritmo metabólico y ayudarte a mejorar tu autoimagen. Es una buena manera de aliviar los síntomas de tu soledad.

– Acércate, sé proactivo/a. La socialización no sucede sin más, necesita que haya interacción entre personas para generar vínculos entre ellas. Habrá ocasiones en que no sea sencillo, pero muestra apertura ante posibles interacciones. No esperes a que la otra persona lo haga todo, es necesario que pongas de tu parte.

– Anímate, incluso fuérzate si es necesario a acudir a actos sociales. Seguramente, al sentirte aislado hayas experimentado síntomas depresivos (desmotivación, desesperanza, dificultad para sentir placer o alegría,…) y en estas circunstancias, nuestro nivel de energía se ve muy mermado y dificulta tomar acción. A menudo, cuando menos nos apetece, es cuando más necesitamos acudir a eventos que sean oportunidades para socializar. Sin duda, será un esfuerzo, pero tendrá su recompensa.

– Tómate el tiempo en soledad como tiempo para encontrarte, para conectar contigo. Realiza actividades en las que disfrutes en soledad. Con todo el tiempo que vamos a pasar solos a lo largo de la vida, cuanto antes aprendamos a disfrutarlo, mejor.

– Haz algo por los demás. Ésta es una de las mejores vías para aliviar el sentimiento de soledad y dejar de pensar en ello. Es muy poco probable que te sientas solo cuando estás haciendo algo por alguien. Además, te generará sentimiento de gratitud.

 

 

 

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